sábado, 21 de enero de 2012

EL CRUCERO

No es precisamente el del amor, por cierto. No hay varias cubiertas con piscinas, salas de juegos y casino, ni tiendas ni restaurantes griegos. De hecho es más parecido al Eladia Isabel pero sin las viejas bagayeras que se pisan la cabeza entre ellas para llegar antes a los asientos.
Más que un crucero, es en realidad un ferry que transporta mercancías y camiones, uniendo a la aislada Punta Arenas con el resto de Chile. Y aprovechando este recorrido, se ha adaptado el barco al transporte de pasajeros. Son 4 días enteros, viajando entre canales rodeados de montañas y glaciares. Los únicos puntos poblados por los que se pasa es Puerto Edén, un pueblo de 200 personas que no tiene ningún otro contacto con la civilización que la pasada esporádica de este barco, y dos días más tarde , Puerto Aguirre esta vez una urbe de 600 personas.
Tenemos un camarote de 2m2 y 4 literas con cortinitas, que compartimos con una pareja de franceses y en el que tratamos de pasar la menor cantidad de tiempo posible. Entiendo cómo se sienten los perros cuando viajan en las cajitas transportadoras de plástico.
Fuera de el, hacemos las 3 pantagruélicas comidas diarias en una especie de comedor estudiantil, nos sentamos en los sillones del pub a mirar películas en la compu, paseamos por la cubierta cuando la lluvia y el viento nos dejan y participamos de charlas varias sobre glaciares, flora, fauna y clases de yoga Kundalini dictadas por una instructora que cambio su pasaje por este más que bienvenido servicio.
Y también nos infiltramos en el karaoke, con bolas de espejos y el clásico repertorio de Rocio Jurado, Ricky Martin y Ana Belen y Victor Manuel, aderezado con toda la gringada en pedo. Puff.
La mayor parte del tiempo estuvo nublado, lluvioso, ventoso y frio, como dicen todas las guías que es el sur de Chile. De cualquier manera pasamos buen tiempo en cubierta, mirando foquitas, pingüinos, ballenas y otro rato en el puente con el capitán y los ayudantes, atomizándolos a preguntas como para un curso acelerado de piloto mercante.
Contrariamente, el ultimo día salió un sol rabioso que nos hizo estar de remera en la cubierta y buscando alguna sombra.
Y finalmente desembarcamos el viernes tempranito en Puerto Montt, para arrancar la otra parte del viaje.

TORRES DEL PAINE

Y de la mano de Antónimo y los incendios forestales, nuestro trekking desafiante de 10 días “into de wild”, con mochila, y menú fijo de arroz blanco y agua de deshielo se convirtió en este tour de un día, entre jubilados de diversas procedencias.
Salimos a las 8 de la mañana, recorriendo lagos y montañas varias dentro del parque bastante cascoteado por el incendio por cierto. Un tour que valió la pena para constatar que hay que volver (cuando Antónimo tenga 20 años y yo 55?) a recorrerlo como se debe.
Mientras tanto compartimos el tour con una señora que se compró un gorrito con forma de pingüino, otra que sacaba fotos a los carteles señaladores para “leerlos después en la casa” y varios otros que posaban bajo la estatua del Milodonte* emulando su postura de oso al ataque. Sin palabras.
Y volvimos cerca de las 8 de la noche, a hacer algunas compras de súper, cenar algo y embarcarnos a las 11 de la noche en el crucero de 4 días por los fiordos patagónicos (comprado la semana pasada aprovechando la volada en Lets Bonus a la mitad de precio). Ah si, mochileros pero a puro glamour. Ya lo decía mi timbre en mi apto de Gonzalo Ramírez y Salterain: Pobres y Pretenciosas.


*Especie de bestia prehistórica cuyos restos reales para variar se encuentran en el museo Británico, junto a la mitad del Partenón, quedando acá únicamente una burda estatua en fibra de vidrio

SUR DE CHILE - DE PUNTA ARENAS A PUERTO MONTT

Viajar es la prueba irrefutable de la elasticidad del tiempo. Es solo subirse al avión para que empiecen a pasar cosas nuevas, y los días se pegoteen, y no se sabe si fue hoy o ayer.
Esta viaje arrancó con la buena noticia de que viajábamos hasta Santiago en ejecutiva y con acceso a sala vip (todavía no sabemos por qué). El hecho es que soportamos estoicamente la demora del vuelo despatarrados entre sillones llenos de almohadones, leyendo revista Caras y asaltando el buffet de sandwiches, medialunas y masitas. Ah! y el almuerzo de a bordo incluía salmón ahumado (que no pude probar por la puta toxoplasmosis!!), ensalada de esparragos y cheesecake de frutos rojos, con cubiertos de verdad y servilletas de tela!!
Llegamos a Santiago al mediodía, y aprovechamos la escala de 12 horas para ver la última muestra en el museo de la Moneda y visitar amigos de Juan Pablo. Conocimos el nuevo apto de Aldo y Vero (mis anfitriones en julio del 2010) y pasamos el resto de la tarde en el jardín increíble de Marti y Pancho, tomando mate, charlando y comiendo delicias varias.
El vuelo a Punta Arenas salió a la 1 de la mañana, llegando a eso de las 5, hechos literalmente tiras. En el hostal Costanera, (que gracias a un rapto de iluminación reservamos el día antes por internet) nos recibió un gordo doblado del pedo, que con la ayuda de otro huésped logro después de un buen rato hacernos el check in. Una siesta salvadora hasta las 11 de la mañana, un baño hirviendo y un desayuno de lo más completo nos permitieron encarar el día dignamente.
Punta Arenas es una ciudad chiquita, y en domingo casi vacía. Tiene una gran costa ventosa frente al canal de Magallanes, muchas casas bajitas de madera y chapa y no mucho más. Así que decidimos esa misma tarde emprender la salida hacia Puerto Natales, donde llegamos cerca de las 6 de la tarde.
Otro pueblito más chiquito aun, con un lago lindo y vista de montañas. Algún bolichito, muchas tiendas de equipo de montaña y agencias de viajes ofreciendo múltiples tours a los atractivos de la vuelta, tiendas de artesanías, y mucho gringo haciendo base para conocer Torres del Paine, el Perito Moreno etc.
Y después de contratar nuestro tour guiado hacia Torres del Paine y una opípara cena de salmón a la plancha con puré, finalmente a dormir. Y todo esto pasó solo en 2 días.