Viajar es la prueba irrefutable de la elasticidad del tiempo. Es solo subirse al avión para que empiecen a pasar cosas nuevas, y los días se pegoteen, y no se sabe si fue hoy o ayer.
Esta viaje arrancó con la buena noticia de que viajábamos hasta Santiago en ejecutiva y con acceso a sala vip (todavía no sabemos por qué). El hecho es que soportamos estoicamente la demora del vuelo despatarrados entre sillones llenos de almohadones, leyendo revista Caras y asaltando el buffet de sandwiches, medialunas y masitas. Ah! y el almuerzo de a bordo incluía salmón ahumado (que no pude probar por la puta toxoplasmosis!!), ensalada de esparragos y cheesecake de frutos rojos, con cubiertos de verdad y servilletas de tela!!
Llegamos a Santiago al mediodía, y aprovechamos la escala de 12 horas para ver la última muestra en el museo de la Moneda y visitar amigos de Juan Pablo. Conocimos el nuevo apto de Aldo y Vero (mis anfitriones en julio del 2010) y pasamos el resto de la tarde en el jardín increíble de Marti y Pancho, tomando mate, charlando y comiendo delicias varias.
El vuelo a Punta Arenas salió a la 1 de la mañana, llegando a eso de las 5, hechos literalmente tiras. En el hostal Costanera, (que gracias a un rapto de iluminación reservamos el día antes por internet) nos recibió un gordo doblado del pedo, que con la ayuda de otro huésped logro después de un buen rato hacernos el check in. Una siesta salvadora hasta las 11 de la mañana, un baño hirviendo y un desayuno de lo más completo nos permitieron encarar el día dignamente.
Punta Arenas es una ciudad chiquita, y en domingo casi vacía. Tiene una gran costa ventosa frente al canal de Magallanes, muchas casas bajitas de madera y chapa y no mucho más. Así que decidimos esa misma tarde emprender la salida hacia Puerto Natales, donde llegamos cerca de las 6 de la tarde.
Otro pueblito más chiquito aun, con un lago lindo y vista de montañas. Algún bolichito, muchas tiendas de equipo de montaña y agencias de viajes ofreciendo múltiples tours a los atractivos de la vuelta, tiendas de artesanías, y mucho gringo haciendo base para conocer Torres del Paine, el Perito Moreno etc.
Y después de contratar nuestro tour guiado hacia Torres del Paine y una opípara cena de salmón a la plancha con puré, finalmente a dormir. Y todo esto pasó solo en 2 días.
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