Y el viernes de noche hicimos una cena en casa de Cristina y Miguel con Ana y su novio (españoles)con comida tipica de cada pais: tortilla a la española, una sopa de tomate notoriamente mas rica que el gazpacho y de plato principal otro cocimiento con miles de mariscos, salchicha, papa y vino blanco.
Tipicamente uruguayo fue haber llegado una hora tarde debido a la demora del metro y con una botella de vino chileno suplantando a los manjares prometidos, dado que solo hacia un par de horas que habia bajado del avion, solamente con ganas de sacarme el polvo absorbido por mi dermis durante toda la semana.
Ayer sabado nos fuimos a pasar el fin de semana a Santo Domingo, un balneario super lindo a una hora y algo de Santiago donde Aldo y Veronica tienen su apartamento de veraneo. Un lugar precioso, tranquilo, con una playa enorme y abierta llena de cantos rodados y mucho verde.
Y hoy domingo fuimos a Isla Negra, a la casa de Pablo Neruda, que por esas cosas del destino estaba abierta al publico dado que era el cumpleaños 106 del susodicho.
Por lo mismo habia muchisima gente y no pude detenerme en cada cosa como me hubiera gustado.
Estaba nublado y ventoso, y no sé por qué, pero siempre que me imaginaba Isla Negra veia el lugar en un dia nublado.
La casa es sencillamente increible, enorme y màgica, llena de minicolecciones de porquerias de toda indole: botellas con barcos, mascaras, mascarones de proa, mariposas, caracoles, patas de piano, bordados, etc. etc.
Y uno piensa que es lógico, que en un lugar tan increible e inspirador como esa casa al tipo solo pueden entrarle ganas de escribir.
Y ya de vuelta a Sto Domingo pinto asadito de carne uruguaya con vino chileno mirando el embolante partido de España-Holanda y despues paseito por la playa.
Y acabamos de volver a Santiago, donde me espera mi ultimo dia de turista, para despues, uy, la vuelta.
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