Y arrancando desde el principio, no puedo dejar de mencionar la eterna odisea que me significó llegar hasta acá.
Los aeropuertos son un punto suspendido en el espacio y el tiempo, y los aviones autenticas máquinas del tiempo donde se burlan todas las reglas de la física. Las horas se comprimen o se estiran entre comidas prefabricadas, los últimos estrenos de la pantalla grande (pero en pantalla chica), pedazos de conversaciones en idiomas ininteligibles y sueños entrecortados que terminan irremediablemente en una eterna tortícolis.
El indicador de que uno esta dirigiéndose a destino es el porcentaje de ojos rasgados en el avión, ya al llegar a Japón era la única occidental, y la cena vino servida con palitos.
Cuando desembarqué (hecha polvo) en Shangai, después de 2 horas hasta Santiago, mas de 13 hasta los Ángeles, 11 más hasta Tokyo y 3 hasta Shangai (con su correspondiente espera en cada aeropuerto) no solo era la única occidental, sino también la única mujer en todo el avión.
Y ahí mismo arrancó el eterno éxodo en el que estaré todo este mes.
Noche en Shangai y al otro día llegué a Ningbo donde me encontré con Vir (mi companiera de laburo que está terminando su mes acá), un día de Ningbo y después a Keqiao, y ahora estoy recién llegadita despues de una larga odisea entre taxis y buses a Wuxi, para arrancar maniana nuevamente hasta Hangzhou...
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mArgariTa
uf! qué largooo! cuando puedas, unas fotitos! suerte! besos
ResponderEliminararriba morocha que esto recién empieza! besos y yo si quiero uno de esos huevos negros que huelen a madres..
ResponderEliminarmarguis, que bueno tener de nuevo tus noticias. un beso grande y que no te agarre ninguna diarrea de esas cosas exoticas!! cuidate mijitaaa
ResponderEliminarIre