jueves, 23 de junio de 2011

La vuelta

Trasladarse con 2 valijas gigantes, carry on más que pasado de peso y mochila portando 2 netbooks, cámara réflex e e-book desde un hotel en Shanghai hasta mi casa en Parque Rodó no es tarea fácil.

En la hora de viaje en taxi hasta el aeropuerto constaté que me había dejado el celular de la empresa en el cuarto del hotel. Por suerte milagrosamente tenía otro en el fondo de una de las valijas, que a pesar de que no estaba en uso igual estaba cargado y con crédito y que me permitió comunicarme a las 6 de la mañana con la china asistente que llamó al hotel e hizo las gestiones para que se lo enviaran.

Después pasé por el triste episodio donde me confiscaron mi salsa de ostras y otra salsa agridulce y picante (seguramente por su aspecto potencialmente letal), mis adquisiciones más preciadas junto con un chancho alcancía de plástico dorado. Y tristemente me dispuse a desayunar, aprovechando que el vuelo salía con una hora de retraso.

Caminé el aeropuerto 3 veces hasta encontrar algún bar que vendiera de desayuno algo que no fuera sopa de noodles con grasa de cerdo, y cuando lo encontré tuve que salir galopando a buscar la puerta de embarque con el sándwich a cuestas para terminarlo de comer en la cola del check in.

12 horas demoledoras de viaje, para llegar a Londres, donde para ser sincera las 8 horas de espera se me pasaron relativamente rápido, ya que pasé más de 4 durmiendo en un  sillón y unas cuantas haciendo cola para el control del equipaje de mano.

 Y cuando me dispuse a llegar a la puerta de embarque donde calcule que 20 minutos serían suficientes, me desesperé al empezar a subir ascensores, escaleras mecánicas, tomar un tren, 2 pisos más de escaleras y un buen rato caminando llegando solo 5 minutos antes que cerrara la puerta de embarque.

Otro eterno viaje de 12 horas, donde solo dormí las 4 primeras y en las restantes agote las baterías del ebook para llegar a San Pablo, donde espero ahora 3 horas más para abordar el Pluna que me dejará finalmente otra vez en casa!


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mArgariTa

Conquistas

Sin duda el logro más importante en relación a la visita anterior ha sido la ganancia de autonomía, pudiéndome liberar en varias situaciones de la eterna sombra de la china asistente.

 En Ningbo la cantidad de taxis es inversamente proporcional a la cantidad de gente, y ya sea por el calor, o por el frio, o por la lluvia, o porque es hora pico, la tarea de tomarse un taxi  mostrando las tarjetita del hotel a veces se convierte en una odisea imposible.

Por eso, el hecho de poder estar tiempos más largos en cada ciudad, me permitió hacer unas cuantas exploraciones por mi cuenta (en muchas de las cuales terminé perdida y apelando una vez a mas al celular) pero pudiendo finalmente encontrar las rutas que me llevaban tras un buen rato de caminata de vuelta al hotel.

También aprendí a tomarme algunos ómnibus para trayectos sencillos, y encontré una página en internet donde poder consultar los horarios de trenes.

O sea que munida de un papelito con la ciudad de origen y destino, nro y horario de tren y fecha de viaje, casi siempre (porque siempre hay algún chino que no entiende ni siquiera esta escueta información) logré comprar los pasajes y llegar a destino.

Y en las compras también pude desenvolverme relativamente bien, con calculadora en mano y un despliegue escénico digno de Marcel Marceaux logré comprar desde zapatos hasta un ebook o un lente nuevo para la cámara, con su consecuente regateo por supesto.

Solamente para comprar salsa de ostras en el súper tuve que apelar a la colaboración de una señora muy amable, que dejó su carrito y accedió ponerse al teléfono con la china bilingüe, y entre las 3 y después de un buen rato  logre comprar mi ansiada botellita (que luego me sacaron en la aduana porque sin darme cuenta la dejé en el carry on de mano, constityendose en uno de los episodios mas tristes del viaje)


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mArgariTa

Zapping

Terminé de ver Lost, y estoy guardando las últimas hojas del libro que me traje para el viaje de vuelta… así que tuve que apelar al último recurso para  antes de irme a dormir: prender la tele.

Y nuevamente comprobé que a pesar del estricto control oficial sobre los medios, lamentablemente la peor escoria siempre logra colarse por las rendijas.

La bazofia televisiva es completita e incluye todo el combo: desde programas de talentos de toda índole (donde los infantiles ocupan lugar preferencial) a telenovelas coreanas  (la versión asiática de las argentinas dado que los coreanos están considerados como  "los lindos" de la zona) pasando por una adaptación local e igual de lacrimógena del memorable "Gente que busca gente" donde los chinos lloran, se abrazan y los conductores alimentan el morbo de la infinita platea.

También se ven a toda hora, muchas (muuuuchas) series que recrean la revolución maoísta, con superproducciones de medio pelo que siempre incluyen chinos en tomas exteriores muy mal iluminadas con los uniformes impecables y la cara llena de barro en actuaciones muy poco creíbles.

Ni siquiera falta el "Llame ya" con la misma estética que en el imperio del mal…. Gordos cuasi luchadores de sumo que tras el aparato de abdominales quedan convertidos en musculosos Adonis… y hasta adquieren rasgos occidentales!!

Y una perlita interesante son las películas dobladas, donde se puede ver a Gwyneth Paltrow y Sean Penn teniendo un interesante diálogo en chino…

Quizás todo se explique acotando que todos los canales son oficiales (CCTV) y se diferencian por el número… CCTV1, CCTV5 etc. Se imaginan en Uruguay 10 versiones de canal 5?


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mArgariTa

sábado, 11 de junio de 2011

EL MADE IN CHINA

China, produce, vende, se enriquece y crece a un ritmo demencial. Y esto trae muchos costos en varios sentidos, entre ellos una inflación galopante, que hace que por el propio crecimiento ya no sea tan conveniente el "made in china" como hace algunos años y que me obliga a adentrarme cada vez más en la China profunda.

La fábricas intentan mantener sus precios a costa de  tercerizar la producción a múltiples talleres minúsculos dispersos en los lugares más recónditos, y a mí me toca visitar uno de ellos cada día.


El viaje (siempre con embotellamiento de tránsito de por medio) nunca lleva menos de dos horas, los talleres siempre están en las afueras de alguna ciudad satélite de la ciudad principal (Ningbo, Wenzhou o Iwu en esta oportunidad) lo que implica siempre varios quilómetros por zonas rurales, tapizadas absolutamente por cultivos de toda índole (arroz y te predominantemente… pero también durazneros, ciruelos, maíz, papas, etc.)

 

Los pueblos rurales siguen la misma estructura que las urbes enormes, pero reducidas a 4 manzanas. Edificios de 5 pisos,  con los frentes llenos de rejas con ropa colgada, tan sucia como las propias rejas, y en la planta baja locales comerciales sucios y destartalados con una especialización increíble… tiendas que solamente venden encendedores, o tazas de te, o ventiladores, pero siempre una sola cosa.

Hoy para volver a mi hotel de Wenzhou, caminamos bajo los 32 grados que derretían las piedras desde la fabrica hasta la parada del bus, para tomar algo así como una combi que nos dejo en Pinyang, donde nos tomamos un taxi-bici que nos dejo en otra terminal de bus, donde después de una hora llegamos a Wenzhou, para tomarnos un taxi que me termino dejando en el hotel.


Hace 15 días visite otra del estilo en las afueras de Ruian (pueblo en las afueras de Wenzhou). En frente a la fabrica, corría un cañadón infesto con montañas de basura y ratas del tamaño de un perro pequines, cubierto por una especie de alga verde diminuta que una señora juntaba en un balde, según me confirmaron, para comer.

Los mosquitos parecían portaaviones, y en la esquina estaba el infaltable puesto de pescado seco, que hacia que las inmediaciones de Fripur olieran a rosas.


Los talleres tienen siempre el mismo esquema, algo así como una entrada de garaje donde la parte abajo funciona de depósito y un piso arriba donde está la línea de costura: 10 maquinas de coser, una plancha de mano y poco más.  Los ambos que luego se lucen en tiendas de mediano renombre ofician de alfombra, porque literalmente no hay lugar donde tenerlos colgados. Los chinos que trabajan acá hacinados, es gente que aprende a coser cosiendo, gente del lugar que tiene tanta idea de sastrería como yo de ingeniería nuclear.


Y por supuesto en estas condiciones es difícil que las cosas salgan bien… y allá estoy yo, intentando detectar a tiempo la irremediable avalancha de cagadas para frenarlas a tiempo y en un ataque de stress permanente...


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mArgariTa

jueves, 2 de junio de 2011

El tufo del tofu

Hoy amaneció nublado, y la vueltita diaria por el centro terminó abruptamente a causa de la molesta lluviecita que se descargó, y que promete durar un par de días.
Así que en el camino de vuelta al hotel (y después de comprarme mi cuarto par de zapatos) pasé por una panadería muy europea, donde me compré las galletitas de chocolate más ricas que haya probado y que ahora estoy degustando con un café con leche, mientras miro por la ventana la lluvia finita que sigue cayendo.
Pero todo este preámbulo no es más que una composición de lugar, y ahora si empiezo con el tópico que da título a este post.
China es una sobretitulación a los sentidos, y no se salva ninguno.
Los olores (al igual que en el Chuy) son tan característicos como indescriptibles. Con el que todos estamos más familiarizados sin duda es el olor a plástico chino, ese que cuando entras a Grandes Tiendas Montevideo te tumba. En las zapaterías es donde se potencia, siendo definitivamente irrespirable, a pesar de que las vendedoras se esfuerzan en un precario inglés a convencerte de que los zapatos son "genuine leather". No las culpo. Seguramente en su vida vieron una vaca y no saben que el genuine leather es de origen animal.
La alcantarilla china - como ya lo dijo mi amigo Roybal - es realmente inigualable, no hay con que asemejarla. Y estos días de calor en aumento, están en su esplendor. Al dar vuelta una esquina sale del centro de la tierra un vapor caliente que te envuelve, y si te agarra desprevenido te acuesta. Algo así como el humo negro de Lost.
Dentro de la misma categoría entra el baño chino, que marca su presencia a varios kilómetros a la redonda, en un tren, un parque o una estación de bus. Nunca jamás entre a ninguno y trato de tomar siempre todas las precauciones para no tener que hacerlo nunca.
Los carritos de fritangas múltiples que asolan las calles exhiben una variedad increíble de cosas, las cuales ninguna resulta en absoluto tentadora, y sus olores menos.
Lo peor de todo es el tufo del tofu frito, me hace acordar los carritos de chinchulines hervidos de Cochabamba, al pasar al lado del alguno irremediablemente no puedo contener las arcadas. Y sin embargo la gente hace cola para llevarse su pinchito de tofu.
Capítulo aparte merecen las mesas de pescados y mariscos secos … algo así como entrar al Disco en semana de turismo, pero potenciado por 100.
Y los supermercados, son irremediablemente el templo de los olores. Acá se mezcla el olor del plástico, con el pescado seco, el tufo del tofu y se le suma el del durián, una fruta típica algo mas grande que un melón pero con pinchos en la cáscara, que literalmente tiene olor a pata sucia y acá es por supuesto un manjar carísimo. Hace tiempo vi en National Geographic un documental del este de Asia, donde decía que en algunos lugares se había prohibido llevarlo en transportes públicos y venderlo en lugares cerrados. Lamentablemente la normativa aun no llego a estas tierras.
Y contra lo esperado, al menos los seres humanos no huelen tan mal como se esperaría.
China, un mundo de olores y sabores… los colores lo dejamos para otro capítulo.

Mis días en China

Llegué a Ningbo a encontrarme con Antonieta, una compañera que estaba terminando su mes y medio acá y con la cual compartí mis primeros y sus últimos 10 días… con todas las delicias y los tormentos de la convivencia, acentuado por el régimen 24/7.
Anto se volvió hace unos días, y yo me quedé en Wenzhou, (con todas las delicias y los tormentos de la soledad) donde me armé una pequeña rutina que me permite sobrevivir a esta incomprensible China.
Me levanto a las 7.30hs con un suculento desayuno que siempre incluye yogur, cereales, frutas, huevos revueltos, ensalada y algún pan al vapor chinesco, el cual me permite tirar casi todo el día pudiendo esquivar los almuerzos de gelatinosos caracoles y tofu hediondo a los que me invita sistemáticamente el proveedor de turno (aunque claro, de vez en cuando alguno me ligo)
A eso de las 9 salimos para la fábrica, con un viaje de nunca menos de 2 horas para llegar al cuchitril de turno. Pero como prometí, esto amerita un post aparte.
Por suerte esta temporada hay muchas fábricas pero pocas ordenes en cada una y están tan lejos una de otra que no se puede visitar dos fábricas en un día, por eso estoy de vuelta en el hotel entre las 3 y 4 de la tarde, donde llego a pasar los informes y reportes de lo visto, mientras pasa la hora más brava de calor.
A eso de las 5 o 6 salgo a caminar, a buscar algo para el almuerzo-cena siempre alternando entre -Mc Donalds y Pizza Hut, y siempre abocada a la difícil tarea de encontrar algún otro menú sustituto que no contenga cartílagos de ninguna índole. Y paseo por el parque, por mercados sucios o pichincheo baratijas de plástico (definitivamente lo que mejor sabe hacer China)
Vuelvo al hotel dulce hotel para sentarme en la computadora y hablar con la oficna de los quilombos acaecidos en el día y los que están por venir, mientras esucho musiqueta y me tomo una Tsingtao, cervecita china livianita, pero lo mejorcito de por acá.
Leo un rato, miro alguna peli… y palmo, para arrancar otro día en China.

martes, 31 de mayo de 2011

China en primavera o primavera en China

Esta vez llegar a Ningbo implicó 3 horas de vuelo en un supositorio con alas hasta San Pablo, 12 horitas mas hasta Londres, una escala de 8 horas para esperar otro vuelo de 12 horas, un desencuentro en el aeropuerto con Julia (la china asistente) y finalmente 3 horas más en bus.
Y claro, un interesante jet lag que esta vez dominé en apenas 3 días a base de plidex y sucedáneos, para arrancar este mes de peregrinaje interminable entre múltiples fábricas que ya pinta bastante complicado y es la causa que a mas 10 días de arribada, esta sea la primera entrada en el blog.
Es primavera y las calles de todas las ciudades están llenas de arboles, plantas y flores de colores que ayudan a mitigar el eterno gris polvoriento que envuelve las urbes. Hace calorcito húmedo, no demasiado pero el suficiente para hacer significativamente más sobrellevable la intemperie y también para potenciar aquellas fragancias que en invierno pasaban algo desapercibidas…
Los días son inútilmente más largos, amanece antes de las 5 de la mañana (constatación que hice en los primeros días de jet lag) y oscurece a las 7 de la tarde. Definitivamente al pedo.
Y ellas cambiaron el animal print y la piel sintética por micro minis de infinitos volados vaporosos rosados, sin abandonar nunca los stilettos y el strass deslumbrante.
Y ellos además de seguir escupiendo y eructando, ahora se pasean horondos con la remera levantada, exhibiendo orgullosamente la tan poco atractiva buzarda.
El pijama y las pantuflas siempre presentes en la cola del super … y los perros abandonaron la obligada capita de colores pero siguen paseando de zapatitos acordonados.
En las fábricas ya no te ofrecen un vaso de agua caliente, sino una botella de agua sin gas (siempre natural) la cual casi nunca abro so pena de tener que visitar las letrinas infestas que ofician como baño.
Los días alternan entre una eterna resolana, con un cielo blanco y denso donde nunca se ve el sol con 3 o 4 dias de nublado total y una lluviecita finita y molesta, pero que hace el aire un poco mas respirable. Y las chicas deambulan permanentemente con un paragua a cuestas, que las cubre tanto de la resolana como de la lluvia, porque no hay cosa mas de mal gusto que estar bronceado.
También desaparecen otros accesorios y aparecen otros nuevos… ya no se ven mas los tapabocas de colores que impiden respirar el frio cortante, pero se ve a los motociclistas con una especie de vicera tornasolada que tapa toda la cara y los hace parecer cuasi extraterrestres…
Y más o menos así es lo que pude captar de la primavera en china, entre eternas visitas a las fábricas y continuos quilombos de toda índole, que merecen un capítulo aparte que prometo subir en breve.

lunes, 10 de enero de 2011

ESTO SE TERMINA!


Es domingo, son las 1 de la tarde y espero en una terminal helada durante dos horas el ómnibus que me va a llevar de vuelta a Ningbo, para buscar las valijas e irme maniana a Shangai a tomarme el avión.

Hace un mes que llegué,  pero nunca parece un mes. A veces parece que hiciera una semana y a veces 4 meses. Estos últimos días terminaron de agotar definitivamente las pocas pilas que me venían quedando, trabajando más de 12 horas por día metida en depósitos gélidos para parar embarques abominables. Increíblemente los quilombos habituales se potenciaron notablemente esta ultima semana.

Por suerte, ahora al llegar a Ningbo mi única tarea será ir a comprar la tercer valija descomunal, en la cual meter el delirio de muestras que me tengo que traer. Sería bueno que también me comprara un brazo ortopédico para poder arrastrarla.


Ya me vuelvo, y voy a extrañar los hoteles y el desayuno pantagruélico.


 Y  me voy a quedar con ganas de  parques, mercados  y  templos budistas.


 Y voy disfrutar plenamente poder desenvolverme sola por la vida… no tener que pedir asistencia externa para comprar un yogurt o tomarme un taxi.


 Y mis oídos sentiran el alivio de no escuchar  el continuo eructo- gargajeo chino.


 Y las instalaciones del club me aguardan ansiosas, para dejar en ellas la silueta de freezer vertical y el surmenage latente que me  traigo de china.


Hasta el próximo capítulo. Me gusta contarles mis descubrimientos por estos lugares donde me toca estar, y  me gusta que les guste.



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mArgariTa

domingo, 9 de enero de 2011

algunas



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mArgariTa

El (único) fin de semana

Estuve en Wenzhou hace más de 15 días y fue sin duda la ciudad que más me gustó. Y no porque sea precisamente "linda"… para describirla en forma breve podría decir que es algo así como una Cochabamba con rascacielos.

Un híbrido imponente de  las tres Chinas. La  más tercermundista de taxis-bicicletas, millares de puestos de fritangas callejeras, calles sucias y ruidosas y tiendas chuysistas ,  la  más modernosa de  rascacielos  con formas imposibles y  puentes dignos de Calatrava, y la más milenaria de  parques enormes y muchos miles de templos budistas con techos verdes y amarillos llenos de dragones.


Así que me arreglé la agenda para pasar el fin de semana del primero de anio sacando fotos en Wenzhou, sola, sin ninguna china-intérprete acoplada que me instase a ir a pasear por el shopping.

 Solo que el 31 de noche, cuando todos estaban haciendo chin chin por el feliz anio nuevo,  me percaté que al caérseme la mochila al suelo el día anterior en uno de los múltiples viajes a las fábricas, se me estrelló el lente contra el suelo para dar por terminada su vida útil.

Así que  no me resigné a tener que pasar anio nuevo sola y enferma en China y todavía sin poder sacar fotos en Wenzhou, e  inicié el más que gélido  1ero de anio haciendo cola frente a un shopping de artículos electrónicos.  Y después de regatear un rato y tras una erogación imprevista,  conseguí un nuevo lente y  llegué  a tiempo a tomarme el tren a Wenzhou.


Pase medio sábado y todo el domingo -  que realmente fueron mis únicos dos días libres desde que estoy en China -  caminando el día entero por parques, mercados y callecitas.

Y descubrí contenta que los chinos no solo escupen y van de compras…


Si zteps!! En china todavía quedan viejitos que hacen Tai chi en las plazas!

Definitivamente los parques son  de los mejores que alguna vez haya visto. Son superficies enormes, que siempre tienen algún tipo de cerrito en el medio con un templo o una torre… la vegetación es re tupida y salvaje, muchos árboles… nada de no pisar el césped!! Hay  puentes, laguitos, escaleritas de piedra, rocas y  espacios abiertos que la gente aprovecha como le da la gana.

Nunca vi un espacio público tan bien apropiado por la gente, tan bien utilizado.

Miles de viejos timbeando, sentados en mesitas jugando cartas, juegos de mesa y Go.  Otros tocando unos instrumentos de cuerda rarísimos (aparentemente típicos de la opera de Pekin) y cantando a capella. Mucha gente haciendo tai chi (otra tanta haciendo pichi). Más viejos jugando bagmintong, otros haciendo caligrafía en el piso de granito, escribiendo con agua. Niños pescando en un canal, parejas bailando una especie de tango bastante más saltadito con una música bien chinesca…

Despues me meti en un templo budista… nunca me paso de atravesar una puerta y sentir asi el cambio de energía. Un lugar definitivamente increíble… olor incienso, pero del rico!( No ese baratón que venden en los puestos de 18), silencio, altares inmensos con el buda regordete y carcajeante de mas 5 metros de altura donde la gente ofrenda flores y frutas. Algun monje de vez en cuando que se da una vuelta para tocar una campanita… mucha madera y muchos colores!!


La verdad que la visita al parque y el templo  me sirvieron  para reconciliarme un poco con la china del gargajo, el olor a alcantarilla y el empujón en la cola del taxi.


Y la frutilla de la torta fue la caída imprevista en uno de esos infestos mercados callejeros que tanto me gustan:  en calles angostitas llenas de agua sucia, gente gritando, olor a fritanga y pescado, taxis-bicis de los rojitos que te llevan por arriba….imposible enumerar la variedad de cosas que se venden.  Me pasé casi una hora paseando entre verduras, jaulas de patos,  palanganas con anguilas y tortugas (no, niños…aca las tortugas no son mascotas),  montañas de pescados y otros seres similares, granos, condimentos, y muchos muchos etcéteras.  Definitivamente estos mercados me elevan.


Un fin de semana de recarga de pilas, que sin dudas me sirvió para afrontar mi última semana acá, la peor de todas y que casi me termina de dejar loca del todo.

 



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mArgariTa

martes, 4 de enero de 2011

Felices fiestas

Es Navidad cuando hace calor y hay olor a jazmín. Cuando la gente se junta y come asado, o pollo con ensalada rusa, helado Conaprole, turron  y pan dulce  y toma cerveza y sidra. Cuando los primeros que se maman arrancan a bailar Gilda o algún reggaetón de moda.

Pero es Navidad también cuando hace 3 grados bajo cero y la gente (en este caso 4 indios, 3 chinos, 2 uruguayas) se juntan a comer chapatis caseros con berenjenas indias con garam masala, toman vino francés , fuman bidis y mascan pan masala  .Hablan entre ellos en Ingles y entre algunos en chino, Hindi, espaniol y francés .Y bailan  punjabi siempre coreografiados, como debe ser. (hagan sus respectivas búsquedas en google para saber de que estoy hablando!)

 

Y asi fue mi nochebuena este anio, que termino de recorrida por varios boliches nocturnos mirando de pasada el interesante zoológico. Lugares increíblemente ambientados, con mucho espejo y mucho brillo donde montones de chinos cuasi teenagers con producciones inimaginables se arrastran todos vomitados del pedo tísico. Estoy segura que debe ser un castigo divino por el sacrilegio de cortar el Chivas con te verde… al que le dan lindo toda la noche mientras juegan a los dados o  bailan muy cómicamente al ritmo del último éxito de Jonas Brothers super mega remixado hasta tornarse apenas identificable.

Fin de anio fue notablemente mas tranqui,  con un frio desesperante y un resfrío aun peor.

Una interesante sinusitis sumando a una "faringitis virósica"(diagnostico virtual del Doc!) me tuvo casi dos días encerrada en el hotel, tomando toda clase de pichicatas incluyendo un te maléfico de una semilla marrón un poco mas chica que una nuez moscada, que al meterla en al agua se convierte en una sustancia gelatinosa similar a una aguaviva que sextuplica su tamanio. El autentico té de alien.

Así que mi fin de anio consistió en ir a comer algo a lo de Tania y luego volver a encerrarme al hotel… para encarar mi primer fin de semana libre en este mes!!



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mArgariTa

el laburo

Para los que no entienden mucho que estoy haciendo acá, mi laburo consiste en recorrer distintas fábricas (muchas, y muy pocas en la misma ciudad) que están confeccionando sastrería para la empresa para la  que trabajo.  A veces ir a  hacer lobby con algún proveedor , ir a elegir nuevas telas para próximas producciones, etc.

Generalmente fabricas en la loma del choto, de entre 100 y 500 empleados,  generalmente a una hora de autopista del hotel correspondiente en cada ciudad.

La visita siempre implica una recorrida por la línea de corte y costura (o sea, estoy conociendo las entranias del Made in China), revisión de prendas para detectar errores y después reunión con los jefes para hablar de los problemas detectados (que siempre son varios), pelear fechas de embarque, etc etc.

Por supuesto que a las 11.30  o 12 se corta todo para ir a almorzar, ahí es que desemboco en estos restaurantes –acuarios con todos los bichos a la vista rodeada de chinos eructones.

Las fábricas son la mayoría de las veces como las de Uruguay, hasta ahora no he visto a los chinos de 10 anios durmiendo debajo de las maquinas ni trabajando 18 horas, aunque claro, no son tampoco fábricas danesas….  En algunas los empleados viven en la propia fábrica, por ende sus hijos también y es común ver  a los críos durmiendo entre los sacos y jugando a los barcos adentro de cajas de cartón.

Solo estuve en dos que realmente metían miedo, un  laberinto sucio a medio derruir con 10 maquinas de coser ubicadas como fichas de tetris en un cuarto de 4x3 , donde las chinas encorvadas no tenían espacio ni para levantar la cabeza.

Los banios de las oficinas siguen estrictamente las más altas normas de higiene bolivianas… (no quiero imaginarme los de planta!) no hay waters sino letrinas, jamás tienen papel y mejor no seguir ahondando en detalles. Después comprobé que en los shoppings y los Mc donald's es exactamente igual.

El típico "vamos al banio de mac Donald's"salvador en todos los viajes dado que es limpio y gratis, en china no se aplica. Son literalmente un asco, por ende hay que controlar estrictamente la ingesta de líquidos durante el día.

Entrar a la planta y ponerse a inspeccionar las prendas en la línea implica casi la paralización de la fábrica…. Y se experimenta un situación de lo más cómoda cuando tenes  100 chinos mirándote fijo, o se codean entre ellos… para la mayoría es la primera vez que están frente a un occidental.

La mayoría son gente que viene de la china rural y viven en la propia fábrica. El periodo de descanso es en el anio nuevo chino, donde se toman 20 días de corrido…. Y la  mayoría desaparece y no vuelve a pisar la fábrica, con esta explosión económica hay pila de movilidad laboral, y después del anio nuevo las empresas salen con camiones por las provincias más lejanas para reclutar nuevo personal.

Y volviendo a mis labores, luego del día de fabrica llego al hotel (donde generalmente me encuentro en recepción con varios paquetes con  muestras para controlar que me hacen llegar de otras fabricas) directo a conectarme con la occidentalidad.  Hablar  con la oficina de los quilombos acaecidos, armar los informes del día, medir prendas, mandar muestras a uruguay  y armar agenda para los próximos días. En esas estoy cuando me ven contectada entre las 10 de la maniana y la 1 de la tarde  de allá,  ansiosa de hablar español y escuchando buena música bajada de internet (sugerida por mi amigo Seba, que hace tiempo me reclama su mención en el blog)

Y así es mi vida desde hace mas de 20 días y  aquí voy por mi ultima semana…



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mArgariTa