sábado, 11 de junio de 2011

EL MADE IN CHINA

China, produce, vende, se enriquece y crece a un ritmo demencial. Y esto trae muchos costos en varios sentidos, entre ellos una inflación galopante, que hace que por el propio crecimiento ya no sea tan conveniente el "made in china" como hace algunos años y que me obliga a adentrarme cada vez más en la China profunda.

La fábricas intentan mantener sus precios a costa de  tercerizar la producción a múltiples talleres minúsculos dispersos en los lugares más recónditos, y a mí me toca visitar uno de ellos cada día.


El viaje (siempre con embotellamiento de tránsito de por medio) nunca lleva menos de dos horas, los talleres siempre están en las afueras de alguna ciudad satélite de la ciudad principal (Ningbo, Wenzhou o Iwu en esta oportunidad) lo que implica siempre varios quilómetros por zonas rurales, tapizadas absolutamente por cultivos de toda índole (arroz y te predominantemente… pero también durazneros, ciruelos, maíz, papas, etc.)

 

Los pueblos rurales siguen la misma estructura que las urbes enormes, pero reducidas a 4 manzanas. Edificios de 5 pisos,  con los frentes llenos de rejas con ropa colgada, tan sucia como las propias rejas, y en la planta baja locales comerciales sucios y destartalados con una especialización increíble… tiendas que solamente venden encendedores, o tazas de te, o ventiladores, pero siempre una sola cosa.

Hoy para volver a mi hotel de Wenzhou, caminamos bajo los 32 grados que derretían las piedras desde la fabrica hasta la parada del bus, para tomar algo así como una combi que nos dejo en Pinyang, donde nos tomamos un taxi-bici que nos dejo en otra terminal de bus, donde después de una hora llegamos a Wenzhou, para tomarnos un taxi que me termino dejando en el hotel.


Hace 15 días visite otra del estilo en las afueras de Ruian (pueblo en las afueras de Wenzhou). En frente a la fabrica, corría un cañadón infesto con montañas de basura y ratas del tamaño de un perro pequines, cubierto por una especie de alga verde diminuta que una señora juntaba en un balde, según me confirmaron, para comer.

Los mosquitos parecían portaaviones, y en la esquina estaba el infaltable puesto de pescado seco, que hacia que las inmediaciones de Fripur olieran a rosas.


Los talleres tienen siempre el mismo esquema, algo así como una entrada de garaje donde la parte abajo funciona de depósito y un piso arriba donde está la línea de costura: 10 maquinas de coser, una plancha de mano y poco más.  Los ambos que luego se lucen en tiendas de mediano renombre ofician de alfombra, porque literalmente no hay lugar donde tenerlos colgados. Los chinos que trabajan acá hacinados, es gente que aprende a coser cosiendo, gente del lugar que tiene tanta idea de sastrería como yo de ingeniería nuclear.


Y por supuesto en estas condiciones es difícil que las cosas salgan bien… y allá estoy yo, intentando detectar a tiempo la irremediable avalancha de cagadas para frenarlas a tiempo y en un ataque de stress permanente...


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mArgariTa

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