domingo, 30 de mayo de 2010

La ruta de la harina II

Ayer sábado tambien sali temprano, con destino a Longaví. Nuevamente me baje en la ruta y en este caso Mauricio me paso a levantar en el auto. Fuimos hasta la casa, donde otra vez tocó desayuno opiparo. Esta recien mudado en una casa a medio hacer en el campo, donde vive con su esposa y dos nenes, dado que su casa en el centro de Longavi quedo inhabitable. Trabaja unos juguetes en maderas autoctonas increibles... y hasta ahora me estoy arrepintiendo de no comprarme uno. Un tipo con mucha cabeza y bien profesioal, que hace el producto mas pensado que vi hasta ahora. Apiadandose de la lluvia amenazante, me llevo hasta la termial de buses de Linares, un pueblo cercano en el cual tenia que tomarme un bus hacia Panimávida y Rari.
Rari es una zona poblada de 5 casitas, a unos 2 kilometros de Panimavida (zona poblada de 10 casitas). Pero Rari tambien es el nombre de la calle principal de Panimavina, y Paso Rari es otro paraje unos kilometros mas hacia Linares.
Ante tan acertado uso del nombre Rari, termine subiendo y bajandome de buses que siempre me dejaban en el lugar equivocado, y caminando por la ruta bajo la lluvia, que dejo de ser una amenaza para materializarse en una molestia helada.
Toda la zona es famosa por las tejedoras en crin de caballo, que hacen un trabajo impresionante trenzando las crines hebra por hebra, haciendo caravanas, muñecas, prendedores, marcalibros... la tecnica es antiquisima, fabulosa... y como casi siempre en estos casos, los productos flojitos.
Aca hable con Braulio, cuya señora e hijas son tejedoras y él talla en madera. Y me dejo pensando mucho rato en como seria el mecanismo en el que la pregunta "cuantas horas trabaja al dia en el taller", trae como respuesta la exhaustiva explicacion de la creación de un balneario termal. En fin.
De acá, arranque para Rari (el caserío) en una especie de taxi local, que no es mas que un auto que se estaciona en la plaza esperando que alguien baje,cobrando una tarifa randómica por el viaje.
Llegue a lo de Ana Lara, que me dijo que a sus 84 años ya hace años que no puede tejer mas porque no ve. Y llego su hija Jimena, que al instante me invito a quedarme en su casa para aprender a tejer, y claro que acepté.
Jimena tiene 45 años, una nieta de 7, ve ovnis, desde niña hace pozos en el fondo de la casa para buscar tesoros escondidos y el dia antes del terremoto arranco a acopiar agua en bidones porque sabia que algo iba a pasar.
Llego su cuñada, una amiga y junto con su hijo de 10 años y su nieta se pusieron todos a tejer alrededor de la estufa, comiendo "churrasca"(pan casero que se hace a las brasas) y avellanas tostadas, mientras me hacian el consagrado interrogatorio de costumbre. A la una me fui a dormir, en un dormitorio con paredes rajadas, instalcion electrica mas que precaria y piso de cemento totamente mojado de humedad.
Y hoy de mañana me volvi a Talca, con la invitacion abierta para volver cuando quiera, a pasear por la laguna, a conocer los barros termales de la zona y comer camarones de tierra.

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