El viernes de mañana, salimos huyendo tras la inminente misa matinal con la que nos amenazaron los jesuitas. Salimos de vuelta camino a Cañete, parando en la mitad del camino un par de veces para entrevistar a artesanos que vivian por la ruta. Ines es orfebre y hace plateria mapuche... no se por qué, pero si bien los motivos estan buenos, no me termina de conmover. Las caravanas son bien parecidas a las latitas que hacen los patasucias en la plaza libertad.Un poco mas adelante, Judith, su hija y sus nietas tienen un taller de tejido, telar y dos agujas. Tienen sus propias ovejas y hacen integramente todo el proceso. Aca me atacó un incontenible impulso consumista y a pesar de que casi me compro todo, termine recapacitando y solamente me compre un tapiz que hizo uno de las nietas de 9 años y es sencillamente genial.
Aca pintó almuerzo con sopa casera, tallarines con verduras de la huerta y una infusion de hierbas absolutamente deliciosa que supera con creces a cualquier tipo de pariente cercano, inclusive el Earl Grey.
A las 6 de la tarde llegamos a Cañete (un pueblo absolutamente diminuto) y empezamos a hacer gestiones para solucinar la noche, con algun telefono de contacto que nos habian pasado y preguntando en un par de hospedajes de malamuerte que encontramos.
Finalmente nos recibio en su casa una chica que estaba en camino de Concepcion hacia Cañete y que llegaba a las 10 de la noche, asi que terminamos pasando esas 4 heladas horas en la cantina "El Coloso", donde descubri que el vino lija es patrimonio universal, escuchamos inenteligibles monologos de los borrchines que circularon durante ese tiempo y vimos deambular innumerables gatos sobre la barra.
Por suerte Pilar llego a las 10 como dijo, porque el bar estaba cerrando.
Y otra vez opipara cena: carne ahumada de cerdo, champignones, papitas noisette y mas vino, esta vez riquisimo.
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