El jueves fue un dia precioso de sol y sali para San Vicente de Tagua Tagua, a una hora de Rancagua para visitar a Margarita, una artesana en cuero.
San Vicente es un pueblo chiquito rodeado de cerros y todas las casas tienen jardines llenos de flores. La plaza (inmaculada) esta llena de viejitos de sombrero, que toman sol y escuchan musica clasica, que suena al palo todo el dia en un altoparlante colgado de una palmera. San Vicente es el corazon de una zona citricola y paltera, y la gente va y viene de las zonas rurales cercanas a vender y comprar productos. Terminada mi entrevista arranqué para Pencahue con una mision mas dificil: encontrar alguien que produjera y comercializara lufa (esponja vegetal).
El tema es que Pencahue no es un pueblo sino una localidad como puede ser Melilla, con un camino central y casas y quintas a los costados, en los cuales no se veia un alma. El colectivo (taxi que se comparte entre varias personas) me dejo en el medio del camino, y le pregunte al unico ser vivo con el que me topè, que me paso el nombre y el lugar donde vivia Lucia Soto, productora de lufa. Asi que arranque a caminar por la ruta hasta llegar a su casa, donde me dijeron que Lucia estaba en una ferreteria en San Vicente y me dieron las instrucciones para llegar.
Esperando colectivo de vuelta me subio un camionero que me arrimo hasta San Vicente, y caminando y preguntando me encontre con Lucia. Prueba superada.
Y de ahi sali para Coltauco, a ver a una familia que trabaja con madera. Nuevamente los susodichos no vivian en Coltauco sino en las afueras, a mas de dos kilometros en la base de un cerro, donde por supuesto no llegaban buses ni nada parecido. Con un frio de cagarse porque ya estaba anocheciendo, arranque a caminar por hasta que llegue a la casa. David y su familia, resultaron unos hippies de bajo perfil muy macanudos, que tienen biodigestores fabricados por ellos mismos donde producen gas a partir de los desechos del baño y residuos organicos con el cual mueven un generador que les da luz electrica, tienen cocinas con paneles solares, por supuesto que tienen sus gallinas y su huerta y construyeron su casa con adobe y madera. Me regalaron unos panes integrales caseros absolutamente deliciosos y me alcanzaron hasta la parada del colectivo que me dejó en Rancagua a las 10 de la noche. Un dia de mucho sol, muy cansador, intenso. Un dia precioso.
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que bueno que te gustó San Vicente.(soy de ahí).
ResponderEliminarTe faltó conocer más lugares aledaños eso si, que son de lo mejor en cuanto a paisajes.
saludos